Propiedad intelectual

martes, 30 de abril de 2013

JULIÁN Y EL VIENTO



Esta es la maqueta de un posible cuento ilustrado esperando editorial que quiera publicarlo!. 
Les cuento que fue inspirado en una canción de Joan Manuel Serrat que escuchaba con mi papá cuando era muy joven y que se llama "Conversando con la noche y con el viento" (...para piel de manzana - 1975).

¡Que lo disfruten!

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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viernes, 18 de mayo de 2012

UN CUENTO DE MISTERIO


DESAPARICIÓN EN LA PANADERÍA 

Cuando el Inspector Ocurrenti llegó a la escena del crimen del hombre de jengibre solo quedaban unas cuantas migas desparramadas por el suelo y una gomita de color verde.
El llanto del panadero destrozaba los oídos de los que estábamos presentes mientras que la gente se amontonaba en la puerta de la panadería. ¿Qué ocurrió?, se preguntaban unos a otros.
Ocurrenti observaba el lugar sin hablar con nadie, es más, como si nadie existiera a su alrededor, de pronto dijo.
-Anote Mary Pepa, restos de miga debajo de la mesa que se distancian a medida que se acercan a la puerta de la panadería, botón de gomita verde aplastado un metro antes de la salida, una pelusa, tres pelos castaños y un envoltorio verde metalizado de chicle de menta.
Apuradísima obedecí, al Inspector no le gustaba que tardara en cumplir con lo que él decía. Siempre me ponía nerviosa a la hora de escribir, no te olvides de nada, me decía una y otra vez a mí misma, letra redonda, letra redonda y clara, me repetía.
Ocurrenti era muy estricto con eso de la letra clara, parece que su mamá había sido maestra de primer grado, por eso la obsesión con la cursiva.
Tomé mi anotador y mi lápiz mecánico, en los años que llevaba trabajando con el inspector aprendí que ante un crimen nunca hay tiempo que perder y menos correr el riesgo de que se te rompa la punta del lápiz y no tengas sacapuntas a mano.
Anoté lo que me dijo y quedé atenta a sus observaciones.
Señor panadero deje de llorar y cuénteme qué pasó, dijo Ocurrenti.
Enjugándose las lágrimas con la manga de la chaqueta comenzó a relatar lo siguiente, esta mañana me levanté temprano como todos los días, encendí el horno, preparé las bolsas de harina, los huevos y los demás ingredientes. Fui hasta la cocina para calentarme un café mientras esperaba que llegara Benicio, mi aprendiz de panadero, acaricié a mi gato que dormía plácidamente en su almohadón de siempre y me fui derechito a darle los buenos días a Jenjibre, el hombrecito de galleta que había cobrado vida ni bien saliera del horno.
Su sonrisa de glacé alegraba mis días y solíamos hablar hasta altas horas de la madrugada, me acerqué a la casa de galletita que yo mismo hice con mis propias manos y no lo encontré, lo llamé y no respondió.
Fue entonces cuando entró Benicio, rápidamente le pregunté si había visto a Jenjibre y me contestó que no algo ofuscado, creo que nunca me perdonó que no le compartiera la receta que había usado para prepararlo.
Ajá, acotó Ocurrenti, ¿dónde está Benicio ahora?
En la cocina, indicó el panadero.
Mary Pepa, sígame.
Presurosa lo seguí hasta la cocina, allí estaba el joven aprendiz con la cara entre las manos, cuando nos escuchó entrar se sobresaltó. ¿Qué, qué? Decía sin parar.
¿Qué qué?, ¿qué?, preguntó el inspector.
Nada, nada, se apuró a responder el muchacho, es que estoy muy confundido, explicó.
¿Confundido o apenado? Dijo de inmediato Ocurrenti. Las dos cosas Señor, apenado porque todos queríamos al hombre de Jenjibre y confundido porque no entiendo lo sucedido.
¿Qué es lo que no entiende?, volvió a preguntar el inspector.
No entiendo cómo alguien pudo comérselo, declaró Benicio mirando al gato de reojo, a continuación escuché el típico Mmmmm del inspector. Sentí un escalofrío correr por mi espalda.
¿Me convida un chicle?, preguntó sorpresivamente. Si, como no, tengo estos de menta, y le extendió uno con papel metalizado verde.
Mary Pepa sígame, ordenó otra vez. Apuré mis pasos y me di cuenta que nos dirigíamos hacia el almohadón en el que el gato del panadero dormía a pata suelta.
Anote, dijo Ocurrenti, gato dormido a pesar del alboroto, sueño profundo, panza inflamada, bigote sucio de harina.
¡Arriba gato! Exclamó el inspector, el gato abrió los ojos con pachorra y miró desorientado hacia su alrededor, estiró la patas delanteras, sacó sus uñas filosas y las volvió a guardar con pereza.
Mmmmm, otra vez ese sonido del inspector que me causaba escalofríos en la espalda. Anote Mary Pepa, dijo sin siquiera alterarse, pelaje del gato color castaño.
En eso entró a la panadería Doña Gracia, la señora de la limpieza, toda apurada porque llegaba tarde a su trabajo. Cuando vio tanta gente amontonada en la calle se asustó un poco pero más se preocupó cuando su jefe le contó entre lágrimas  lo sucedido.
Doña Gracia era muy corta de vista, usaba unos anteojos muy gruesos que se movían cada vez que su dueña arrugaba la nariz.
¿Por qué llega tarde? Le preguntó Ocurrenti sin darle tiempo ni siquiera a sacarse el saco. La pobre mujer titubeó un momento y luego contestó que se había olvidado sus anteojos en la casa y que tuvo que volver a buscarlos. Ajá, agregó el inspector, ¿Y ya desayunó?
Si, sí, ya desayuné respondió nerviosa Doña Gracia mientras sacudía la pelusa de su abrigo.
-Dígame, y usted ¿recién llega a la panadería?
-Por supuesto que recién llego, ¿no me vio acaso?
Anote Mary Pepa, Señora de la limpieza muy inquieta, responde con fastidio, desayunó temprano, lentes olvidados.
Bien señores, los veré aquí a las tres de la tarde, que nadie se vaya a su casa porque les contaré quién se comió a Jenjibre.
Yo lo seguí en silencio, sabía que cuando Ocurrenti caminaba apurado estaba pensando. Llegamos a su oficina, se sentó en su sillón preferido, se puso el chicle en el boca y mientras mascaba me dijo. Anote Mary Pepa, desde temprano cocina de la panadería, impecable.
Esta vez el escalofrío recorrió todo mi cuerpo y con los nervios quebré la punta de mi lápiz.
A las tres de la tarde estábamos en la cocina de la panadería Ocurrenti, el panadero, el gato, el aprendiz de panadero, Doña Gracia y yo.
El panadero suspiraba con los ojos hinchados de tanto llorar, Benicio revolvía su cabello mientras masticaba chicle de menta, el gato nos miraba curioso y Doña Gracia se retorcía las manos mientras caminaba de un lado al otro de la cocina haciendo un extraño chuic con el pie izquierdo.
El inspector carraspeó aclarándose la garganta y comenzó su relato así. Señores, el culpable se encuentra aquí entre nosotros y yo voy a develar su identidad.
El silencio era aplastante, todos estábamos muy nerviosos. Señores, volvió a decir, quien se comió a jengibre fue Doña Gracia.
¡Oh! Exclamamos todos al unísono, menos Doña Gracia que empezó a llorar a los gritos.
-Fue sin querer, gritaba histérica, fue sin querer, es que me olvidé los anteojos y después de tanto limpiar tenía hambre y vi unas galletas y manoteé una y la mordí con ganas… Buaaa, no sabía que era Jenjibre, horrorizada me fui corriendo a casa a buscar mis anteojos y regresé intentando disimular.
El Inspector nos miró a todos y nos explicó que había sospechado de Doña Gracia cuando se había dado cuenta de que la cocina estaba limpia cuando supuestamente recién llegaba a trabajar, además observó que el zapato izquierdo de Doña Gracia se pegoteaba  en el suelo cada vez que caminaba seguramente a causa de algo pegado a la suela, LA GOMITA. Por otra parte del saco de la señora caían unas pelusas igualitas a la encontrada en la escena del crimen.
Todos se quedaron helados ante la explicación de Ocurrenti, todos menos yo que después de tanto tiempo trabajando con él sé que mis escalofríos y sus observaciones son datos infalibles para resolver un crimen.

MARUXA

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuando la vida nos espía.

Hoy me dí cuenta de que la vida nos espía, digo espía porque soy adicta a las travesuras, si no diría "observa".
Sucedió que caminaba por esta loca ciudad que me toca habitar y descubrí  un cielo turquesa impresionante sobre mi cabeza, me quedé un rato largo en silencio, mirando, observando, tratando de absorber tanta belleza.
Más tarde en el mismo recorrido pasé por debajo de la copa frondosa de un jacarandá y me quedé embelesada con el color lavanda de sus campanillas y el verde profundo de sus hojas y una vez más me detuve a observar, mirar, sentir, oler. Una mariposa indiscreta se cruzó frente a mis ojos y siguió su vuelo desprejuiciada y brillante, allí se fue mi atención, voló tras ella.
Transcurrido un rato decidi retomar la marcha y recuperar el tiempo invertido en estos menesteres, en eso estaba cuando una idea me saltó a la cabeza...
¿Quién observaba a quién?.
Durante mi pequeño paseo creí todo el tiempo ser yo la que espiaba la vida de un cielo turquesa, de un árbol de jacarandá en flor, de una mariposa brillante y desprejuiciada. pero mientras más pasaba el tiempo, más cambiaba la imágen de mi recuerdo, finalmente creí descubrir que el cielo estaba espiando mi pequeña y humilde humanidad, que el jacarandá se regodeaba protegiéndome del sol  y que jugaba con mis pensamientos mientras deslizaba su ramaje por sobre mi acalorada cabeza provocando frescura, perfumando mi ambiente, descansando mis ojos. Y cuando creía que lo había visto todo irrumpió con desparpajo una mariposa que sin pudores espió mi rostro, sacudió mis ideas, me dió la espalda y se fue volando a través de las hojas hacia el turquesa inmenso del cielo.




Y sí, la vida estalla, la vida sabe, la vida nos presenta un maravilloso escenario y de vez en cuando nos espía de cerca para que no nos olvidemos que estamos aquí para vivirla a pleno.

sábado, 15 de octubre de 2011

SIETE BRUJAS, SIETE DUENDES




…Esta es una historia de brujas, sustos, rayos y duendes…
En un lejano país existía un pueblo llamado Sombrío, allí en el medio del paisaje se levantaba un enorme castillo habitado por siete brujas.
Su fama era terrible, sus nombres eran Niebla, Noche, Trueno, Relámpago, Tormenta, Gritos y Oscuridad.
En Sombrío también existía una casa multicolor habitada por siete duendes, Música, Color, Valentía, Claridad, Susurros, Nube y Luz.
Desde hacía muchos años Sombrío estaba dominado por las siete brujas. Los habitantes del lugar vivían atemorizados por los poderes de  Oscuridad y por las amenazas de Tormenta, que era experta en asustar a grandes y chicos con sus rayos espantosos.
Las brujas solían turnarse para recorrer el pueblo y nunca iban de a una, siempre salían de a dos o más para infundir mas temor, la mayoría de las veces irrumpían en la vida de los pueblerinos Grito y Trueno acompañadas por Niebla que llenaba las calles de un denso vapor.
Así pasaban los días y al llegar el atardecer, Noche junto a Oscuridad sobrevolaban el pueblo haciendo que los habitantes se metieran en sus casas cerrando las ventanas hasta el nuevo amanecer.Así, temblando de miedo se perdían cada noche la belleza y el brillo de las estrellas.
Pero los chicos del pueblo ya estaban cansados de tanto y tanto susto. Se reunieron en el bosque bajo la luz del sol y se pusieron a pensar qué podían hacer.
Estaban en esta tarea cuando del centro del bosque empezaron a surgir sonidos de campanas, de cajas de música, de trinos de pájaros. Los chicos se miraron sonrientes y de inmediato se dirigieron hacia los sonidos.
Se acercaron pasito a paso y ¡sorpresa!, vieron al duende Música bailando y saltando entre los árboles. Más allá Color pintaba las hojas de los árboles de verde brillante, Día jugaba con los rayos del sol, Susurros susurraba entre las ramas y Luz esparcía claridad de amor sobre todos los seres que habitaban el bosque.
Los chicos no podían ocultar su sorpresa, las bocas abiertas pronunciaban un ooooh interminable.
Por fin uno de ellos pudo cerrarla y decirles a los otros chicos. Alguien tiene que acercarse, creo que ellos podrían ayudarnos.
Siiii, contestaron todos, mejor acerquémonos juntos dijo Lucas.

Permiiisooo, dijeron al unísono, somos los chicos de Sombrío y queremos saber si a ustedes les asustan las brujas.
¿A nosotros? Preguntaron los duendes, ¿porqué nos iban a asustar?
¿Cómo porqué?, son malas, feas,  terribles y temibles, respondieron en una confusión de gritos.
Y quién les dijo semejante cosa, preguntaron los duendes. Será que les tiene tanto miedo que no se atreven a enfrentarlas, dijo Color.
Puede ser, dijo Lucas, pero sería más fácil si ustedes nos ayudan a vencerlas. Sombrío dejaría de ser un pueblo de sustos.
Los duendes se miraron, se tomaron de las manos y se pusieron a hablar en voz muy baja. Después de un rato de discutir dijeron.


Bueno, hemos decidido que los vamos a ayudar, pero sólo si lo hacemos entre todos, tiene que colaborar cada niño de Sombrío.
Los chicos aceptaron inmediatamente y se prepararon para escuchar la propuesta de los duendes.
En primer lugar Valentía les repartirá unas ramitas mágicas que harán surgir del centro de su corazón la valentía que guarda cada uno de ustedes.
Día se quedará más tiempo en el pueblo para que mientras se organizan, la bruja Noche no pueda salir del castillo. Música los acompañará tocando una marcha.
Fuera las brujas
Fuera las brujas.
Color les dará un arco iris con flechas multicolores para sembrar de brillos la oscuridad, Susurros les enseñará canciones de cuna que son armas muy poderosas contra las voces de Tormenta y Gritos.
Nube se repartirá en copos para que puedan montar caballos de nubes.
Y yo, Luz, les repartiré una chispa de mi luz a cada uno que brillará en la punta del dedo que señala, cuando sientan miedo levanten ese dedo y la claridad brillará sobre todo lo que les asuste.
Bravo, bravo, gritaba los chicos saltando de un lado a otro. Y así armados de su propio valor, su canción de combate, sus arcos y sus flechas, sus canciones de cuna y su dedo luminosos montaron en los caballos de nube y partieron hacia el castillo de Sombrío.
Para esto la tarde ya había avanzado así que debieron apresurarse.
Cuando la gente del pueblo vio llegar a ese extraño ejército se asustó como siempre, pero cuando escucharon su canción de batalla empezaron a saltar y a gritar.
Hurra, hurra, son nuestros niños valientes, hurra por los duendes también.
Este raro equipo llegó a las puertas del castillo, ahora solo hacía falta hacer salir a las brujas para enfrentarlas y demostrarles que no les temían. Lucas tomó la palabra.
Niebla, Noche, Trueno, Relámpago, Tormenta, Gritos y Oscuridad, en nombre de la luz y la claridad les ordeno que salgan y se muestren.
Quienes llaman, preguntaron las brujas.
Nosotros los chicos, respondieron.
¿Los chicos?, ja,ja, ja. Queremos ver, dijeron risueñas mientras abrían sorpresivamente las puertas y comenzaban a salir enfurecidas.
Primero apareció Tormenta junto a sus inseparables hermanas, trueno y relámpago.
Empezaron a llenar el lugar de viento y resplandores, pero los chicos armados de valor se pusieron a cantar la marcha.
Fuera las brujas.
Fuera las brujas.
Y cabalgaron sus nubes como expertos jinetes mientras disparaban flechas multicolores con arco iris mágico.
Al ver este espectáculo de brillantes colores las tres brujas se quedaron paralizadas y con la boca abierta sin poder moverse, congeladas por la sorpresa.
Bravo, tres menos, gritaron los chicos.
En ese momento Noche intentó salir del castillo pero se encontró con el duende Día para do en la puerta así que no pudo ni siquiera asomarse. Quedaban sólo tres brujas por vencer.
Gritos irrumpió en la puerta del castillo dando horribles alaridos, pero los chicos se pusieron a cantar dulces canciones de cuna acompañados por los duendes Música y Susurros, entonces Gritos se quedó dormida como un bebé. Al ver que estaban venciéndolas, Niebla y Oscuridad decidieron salir juntas y atacar con todos sus poderes.
Los chicos esperaban ansiosos la salida de las dos brujas que faltaban, las más temibles de todas.
Atentos al combate y listos para defenderse dijeron, vamos salgan a enfrentarnos o ríndanse.
Nunca, contestaron las brujas y salieron juntas.
Oscuridad llenó el lugar de sombras y Niebla comenzó a mezclarse entre los chicos confundiéndolos, moviéndose con rapidez de un lado  a otro. Noche logró sumarse al ataque ante un descuido de Día.
Los chicos al no verse entre sí comenzaron a asustarse. Las brujas trataron de aprovechar esta situación para desarmar al grupo.
Lucas recordó que no debían dejar crecer el miedo y gritó. Chicos levanten sus dedos.
Qué maravilla, el pueblo se llenó de pequeñas lucecitas  que brillaban aquí y allá cubriendo todo de una tibia claridad.
Esto detuvo al instante a Noche, Niebla y Oscuridad que se quedaron maravilladas ante semejante espectáculo.
 Finalmente las siete brujas se rindieron pero no querían irse del pueblo, allí tenían su castillo, sus cosas, su lugar. Por eso hicieron un trato con los chicos y los duendes.
Noche compartiría su trabajo con Día, cuando una descansaba el otro salía. Trueno, Relámpago y Tormenta no saldrían a asustar más a nadie y solo trabajarían los días de grandes lluvias.
Niebla saldría los días de mucho frío y sería compañera de Nube, Gritos aprendería a controlar su voz tomando clases con Música y Susurro y Oscuridad en vez de andar por ahí asustando a todo el pueblo trabajaría junto a Noche repartiendo sueños casa por casa, mientras que el duende Luz Mantendría encendidas las lámparas que iluminaban las calles del pueblo para que todos encontraran el camino de regreso a casa luego de sus trabajos.

Así los chicos de Sombrío Triunfaron sobre sus temores…



lunes, 13 de junio de 2011

OTRO LUGAR ES POSIBLE


Cuando los gnomos se sientan a mirar la puesta de sol piensan que otro mundo es posible, recuerdan con nostalgia los tiempos del equilibrio entre todas las fuerzas de la naturaleza.
Fuerzas que aún conserva en el interior de sus entrañas nuestro planeta.
Los pocos gnomos que quedan desde el inicio de los tiempos observan con tristeza la indiferencia de los humanos, casi con pena nos ven deambular ignorantes de las señales que nuestro hogar grita a los cuatro vientos.
Pensar que comenzó susurrándonos su dolor, sugiriéndonos su pesar, intentado que nos asomáramos a nuestra imprudencia. A pesar de cada indicio continuamos nuestro camino inmunes a los toques que todos los elementales del planeta nos hacían en cada oportunidad.
Hoy nuestro planeta recurre a mensajes desesperados, nos aúlla con tsunamis, tornados, terremotos, volcanes que vomitan fuego y ceniza.
AGUA, FUEGO, AIRE y TIERRA claman por sus derechos...
Ya es hora gente, ya es hora que como los gnomos nos sentemos a observar la puesta del sol y pensemos que otro lugar es posible.
Ya es hora de decidirnos y hacerlo.

lunes, 6 de junio de 2011

UN CUENTO QUE LLEGÓ A ESPAÑA

Les comparto un enlace al cuento que fue finalista en el concurso de cuentos por la ecología en la página de WAECE, asociación mundial de educadores infantiles.
http://www.waece.org/cuentos/64.htm

viernes, 27 de mayo de 2011

LA BICI VOLADORA

El papá de Juana era piloto de avión, cuando viajaba ella lo extrañaba mucho e insistía en acompañarlo en cada viaje, pero siempre recibía la misma repuesta.
-No podés venir conmigo, yo estoy trabajando, además las nenas chiquitas no manejan aviones.
Entonces le pedía a papá que le contara cómo ponía en marcha su avión, se sabía de memoria el orden de los botones y movía sus deditos como si pudiera tocarlos.
Los días que papá no estaba de viaje Juana tenía muy buen humor, jugaban a visitar países extraños donde los esperaban muchas aventuras.
Pero cuando papá se iba a trabajar, se ponía muy enojona y peleaba con mamá por casi cualquier cosa.
Sin embargo todo cambió en su cumpleaños número siete. 
Ese lunes mamá invitó a Juana a pasear por el barrio, la llevó a una juguetería y le dijo:
_Vinimos a comprar tu regalo, podés elegir lo que más te guste.
Así la descubrió por primera vez, detrás de la enorme vidriera estaba la bicicleta más hermosa que hubiese visto jamás, gris metalizada con espejitos a los costados, rueditas azules y ¡una bocina con botones!
Supo  inmediatamente que ese era el regalo que quería, miró a mamá de reojo y se encontró con una sonrisa.
Los minutos para resolver la compra le parecieron horas.
Mamá terminó de arreglar con el cajero el pago y por fin le entregaron su flamante bicicleta.
Cuando llegó a casa se encontró con otra sorpresa  esperándola,  papá.
Los tres festejaron el cumple con torta y todo, al día siguiente estrenó la bici en  la plaza, mamá y papá la acompañaron hasta que pudo dar la vuelta sola, sonreía feliz cada vez que el viento refrescaba su cara.
Al día siguiente papá debía irse por unos días, se acercó a la cama de Juana y antes de que se durmiera le dijo:
Ahora tenés tu propia nave para pilotear, recordá revisarla cada vez que te pongas en marcha y nos veremos entre uno y otro recorrido, le guiñó un ojo y se fue.
Desde ese día salía todas las tardes a practicar por la cuadra, a mamá no le gustaba que diera la vuelta a la manzana sola pero una vez por semana la acompañaba unos pasos más atrás mientras Juana pedaleaba entusiasmada por la vereda.
Una mañana, antes de arrancar realizó la ceremonia de todos los días.
Ruedas infladas, listo. Bocina con pilas, listo. Cadena bien puesta, listo. Vereda despejada, listo.
Puso los pies en los pedales se tomó del manubrio y partió.
Mamá estaba casi media cuadra atrás, Juana puso toda la atención en su recorrido y pedaleó  a toda velocidad. Sintió el viento en la cara, entornó los ojos para que no se le metieran esas basuritas tan molestas, de pronto sintió un fuerte envión que hizo que la bicicleta  volara por sobre la vereda.
Con sorpresa vio como se alejaba del suelo y cómo se achicaban los negocios de la cuadra, le causó gracia el perro de Catalina que desde la terraza de la casa ladraba desesperado para advertirle quién sabe qué cosa.
 Vaya, pensó Juana, que diferente se ve todo desde aquí. Y al mirar hacia atrás vio a mamá que caminaba un tanto distraída.
Juana se sentía un gran piloto, mientras dirigía su bicicleta por los cielos se decidió a doblar a la derecha.
Se cruzó con una paloma que volaba distraída, la miró divertida e hizo sonar su bocina nueva. La paloma huyó enseguida hacia los árboles más cercanos.
Todo le parecía nuevo, la cuadra se veía distinta, el kiosco de las golosinas, el puesto de diarios, el puestito de flores de la esquina parecía una maceta grande.
Estaba tan entusiasmada con la experiencia de su bici que comenzó a pedalear más y más rápido, las casas pasaban a mayor velocidad y el viento le volaba las colitas del pelo.
En un momento creyó escuchar una voz que la llamaba a lo lejos, giró la cabeza para mirar hacia atrás y no vio a mamá. Se preguntó si se habría alejado mucho, ¿y si se perdía?
­Debo aterrizar, se dijo, pedaleó más despacio con la vista atenta a la vereda como le había contado mil veces papá, enderezó la bici, fue perdiendo velocidad y descendió suavemente.
El corazón le latía muy fuerte, buscó a mamá con la mirada y la vio doblar la esquina corriendo.
_Juana, Juana, llamaba mamá mientras se acercaba agitada. ¿No me oías? Empezaste a pedalear tan rápido que cuando doblaste en la esquina te perdí de vista, parecía que volabas.
Juana se disculpó por el susto y no le contó que su bici en verdad había volado ni que ella también se había asustado un poco.
Mientras volvían juntas a casa iba callada, pensaba en la aventura que terminaba de vivir cuando vio a papá que las esperaba en la puerta del edificio.
-Hola Juana, ¿todo bien?
- Si todo bien, respondió, y se entregó al abrazo fuerte de papá.
Papá la miró con dudas ¿por qué razón estaría tan callada?
De pronto para sorpresa de mamá y papá Juana exclamó, qué suerte que llegaste, tengo que contarte que hoy volé en mi bicicleta hacia un país diferente en el que las florerías caben dentro de una maceta, los caramelos se guardan en casitas chiquitas como los teatros de títeres y los perros se asoman a las terrazas para saludar a los aviones y las palomas.      
-Vaya, que sorpresa, dijo papá. Cuando yo tenía tu edad también volé por primera vez y fui de visita por países distintos.
Vení acá mi piloto de biciletas, la tomó de los hombros y le dio un abrazo muy   fuerte con un ruidoso beso.
Juana se revolvió entre los brazos de papá y con mirada pícara le dijo, qué pena, los hombres grandes no pilotean bicicletas así que no te puedo llevar conmigo, pero si querés esta noche antes de dormir te cuento.
Maruxa